Mi nombre es Rosario. Tengo 38 años, soy madre soltera y estoy luchando por seguir viva por mi hijo.

Rosario Perez

Activa en IR Fundación desde el 18/05/2026   ·   1 campaña creada

$8,400 obtenidos de $20,000

262 donaciones

52%

Mi nombre es Rosario, tengo 38 años y soy madre de un niño de 6 años con autismo.

Desde que mi hijo nació, hemos sido él y yo contra el mundo.

Su padre nos abandonó cuando él todavía era un bebé y, desde entonces, toda la responsabilidad quedó sobre mis hombros. Me convertí en madre, padre, cuidadora y proveedora. Todo lo que hacía era pensando en él.

Mi hijo necesita acompañamiento constante, terapias, medicamentos y muchos cuidados. Quienes conviven con un niño con autismo saben que cada pequeño avance puede convertirse en una gran victoria. Una nueva palabra, una mirada diferente, una muestra de cariño, una habilidad que antes parecía imposible… para mí, cada conquista significa el mundo entero.

Siempre hice todo lo que estaba a mi alcance para que nunca le faltara nada.

Aunque estuviera cansada, trabajaba.

Aunque tuviera miedo, seguía adelante.

Aunque el dinero fuera poco, encontraba la manera.

Porque cuando se trata de un hijo, una madre simplemente no se rinde.

Pero nunca imaginé que llegaría el día en que sería yo quien necesitaría ayuda.

Todo comenzó cuando empecé a tener dificultades para tragar mientras comía.

Al principio intenté continuar con mi vida normalmente. Como hacen tantas madres, puse mis propias necesidades en segundo lugar. Mi prioridad siempre había sido mi hijo.

Pero algo dentro de mí me decía que aquello no era normal.

Busqué atención médica.

Llegaron las consultas, los estudios, la espera, la incertidumbre y el miedo…

Hasta que recibí la noticia que cambió mi vida por completo.

Tenía cáncer.

Los estudios revelaron un cáncer de mama con metástasis ósea y una tasa de proliferación tumoral del 95 %.

Sentí que el suelo desaparecía debajo de mis pies.

Pero ¿saben cuál fue mi primer pensamiento?

Mi hijo.

No pensé primero en mí.

Pensé en él.

Pensé:

“Dios mío, si algo me pasa, ¿quién va a cuidar de mi hijo?”

Esa pregunta no sale de mi cabeza.

Mi hijo tiene solamente 6 años.

Me necesita para tantas cosas.

Soy yo quien conoce su rutina.

Soy yo quien comprende sus momentos de silencio.

Soy yo quien sabe cuándo algo le incomoda, incluso cuando él no puede explicarlo con palabras.

Soy yo quien lo acompaña a sus citas, quien lucha por sus terapias, quien administra sus medicamentos y quien celebra cada uno de sus pequeños avances.

Yo soy su lugar seguro.

Y ahora tengo miedo de no poder seguir siéndolo.

Después del diagnóstico, mi vida cambió por completo.

Tuve que dejar de trabajar.

Sin poder trabajar, perdí mi principal fuente de ingresos.

Y una vida que ya era difícil se volvió todavía más dura.

Además de los gastos básicos del hogar y de todos los cuidados que mi hijo necesita por su autismo, ahora también tengo que afrontar consultas, estudios, medicamentos y todo lo relacionado con mi lucha contra el cáncer.

Para mi tratamiento necesito un medicamento inhibidor de ciclina de alto costo, que forma parte de la terapia que necesito para combatir la enfermedad.

Pero su precio está completamente fuera de mis posibilidades.

Y quizá esa sea una de las partes más dolorosas de toda esta historia:

saber que existe un tratamiento que puede ayudarme y no tener los recursos para pagarlo por mí misma.

Como madre, pasé mi vida intentando darle todo a mi hijo.

Hoy estoy en una situación en la que ya no puedo garantizar ni mi propio tratamiento ni todos los cuidados que él necesita.

Hay días en que el miedo es enorme.

No voy a decir que soy fuerte todo el tiempo.

Lloro.

Tengo miedo.

Tengo miedo de que la enfermedad avance.

Tengo miedo de no conseguir el medicamento a tiempo.

Tengo miedo de que le falte algo a mi hijo.

Y, por encima de todo, tengo miedo de no estar aquí para verlo crecer.

Quiero acompañar sus próximos pasos.

Quiero verlo avanzar.

Quiero seguir llevándolo a sus terapias.

Quiero celebrar cada nueva palabra, cada nueva conquista y cada cumpleaños.

Quiero estar junto a él cuando me necesite.

Quiero abrazarlo durante muchos, muchos años.

No estoy pidiendo lujos.

Estoy pidiendo una oportunidad de vivir.

Una oportunidad de seguir luchando contra esta enfermedad.

Una oportunidad de continuar siendo madre.

Una oportunidad de permanecer al lado de la persona que más me necesita en este mundo.

Por eso nació esta campaña.

Gracias a la solidaridad de personas maravillosas, ya hemos logrado recaudar más de 15.000 dólares.

Cada donación que llega me emociona profundamente.

Porque sé que detrás de cada aporte hay una persona que decidió creer en mi lucha.

Pero mi tratamiento continúa.

Los medicamentos siguen siendo necesarios.

Mi hijo continúa necesitando terapias, acompañamiento y cuidados.

Y yo todavía tengo una larga batalla por delante.

Por eso hoy necesito pedirte ayuda.

Si puedes contribuir con cualquier cantidad, por pequeña que parezca, quiero que sepas que para mí puede significar muchísimo.

Puede significar un medicamento.

Un estudio.

Una parte de mi tratamiento.

Una nueva oportunidad.

Puede significar más tiempo junto a mi hijo.

Y para una madre en mi situación, quizá no exista un regalo más valioso que el tiempo.

Si no puedes donar, también puedes ayudarme de una manera muy importante:

comparte mi historia.

Quizá conozcas a alguien que pueda ayudar.

Quizá tu publicación llegue hasta una persona que pueda cambiar el rumbo de esta batalla.

Todavía tengo muchos sueños.

Pero hoy mi mayor sueño es muy sencillo:

seguir viva para cuidar de mi hijo.

Su padre ya lo abandonó.

No quiero que la vida también le arrebate a su mamá.

Quiero continuar tomando su mano.

Quiero seguir siendo su lugar seguro.

Quiero que algún día pueda mirar hacia atrás, después de todo esto, abrazarlo y decirle:

“Mamá lo logró. Mamá pudo quedarse aquí contigo.”

Por favor, ayúdame en esta batalla.

No estoy luchando solamente por mi vida.

También estoy luchando por el futuro de mi hijo.

Cada aporte representa esperanza.

Cada vez que alguien comparte mi historia aparece una nueva posibilidad.

Cada persona que se une a esta cadena me ayuda a creer que todavía puedo salir adelante.

Mi nombre es Rosario. Tengo 38 años. Soy madre de un niño de 6 años con autismo. Tengo cáncer, pero todavía tengo muchísimas ganas de vivir.

Y mientras exista una posibilidad, voy a seguir luchando por permanecer al lado de mi hijo.

Gracias por escuchar mi historia.

Gracias por compartirla.

Y, desde lo más profundo de mi corazón, gracias a cada persona que pueda ayudarme a seguir luchando.

Palabras de apoyo

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M

María Perez
$50 · Hace 12 minutos
Fuerza, Rosario. Estoy orando por ti y por tu pequeño. 🙏❤️

L

Lucía Herrera
$25 · Hace 18 minutos
Como madre, tu historia me rompió el corazón. Espero de verdad que puedas recibir tu tratamiento.

C

Carlos Mendoza
$100 · Hace 27 minutos
Acabo de colaborar. Espero que entre todos podamos ayudarte a seguir junto a tu hijo. ❤️

A

Ana Rodríguez
$20 · Hace 34 minutos
Que Dios te dé mucha fuerza para seguir luchando por tu hijo. 🙏

S

Sofía Martínez
$30 · Hace 41 minutos
Rosario, no estás sola. Muchísima fuerza para ti y para tu pequeño. ❤️

J

José Ramírez
$75 · Hace 53 minutos
Ya hice mi aporte. Ojalá muchas personas más puedan sumarse a esta causa.

E

Elena García
$15 · Hace 1 hora
No puedo ayudar con mucho, pero lo hago de corazón. Espero que puedas abrazar a tu hijo por muchos años más. 🙏❤️

P

Patricia López
$40 · Hace 1 hora
Tu historia me conmovió muchísimo. Sigue luchando, Rosario. Hay muchas personas contigo.
Created Mayo 05, 2026   ·   Medical
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Boyd Goldie
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